Migramos pero también luchamos: mujeres y disidencias sexuales migrantes, refugiadas y antirracistas en los movimientos sociales de Chile

En el marco de este septiembre combativo, donde la primavera renace para que florezcan nuestras luchas, quienes migramos seguimos con el ímpetu de hacernos escuchar. Nuestra lógica: somos personas (no números) y tenemos nuestra propia voz. Nuestra lucha, que viene desde abajo y ha cruzado diversos horizontes, adquiere su propio protagonismo desde la acción que llevamos a cabo al impulsar nuestras demandas, al defendernos y exigir la transformación de nuestras condiciones de vida, al articularnos como pueblos.

Buscamos la garantía de nuestros derechos (desde los derechos básicos que se nos niegan) pero también el reconocimiento y respeto por quienes somos y de donde venimos. Las demandas son amplias y diversas como lo son nuestras comunidades, cuyas luchas históricas caminan con nosotras desde las primeras oleadas colonizadoras.

Nuestra apuesta es por transformar tanto nuestras condiciones como las estructuras en las que estamos inmersas, porque las migraciones (hoy día en su mayoría forzadas) son la evidencia directa de las injusticias y desigualdades promovidas por los sistemas que sostienen su hegemonía en el capitalismo, en el colonialismo pero también en el patriarcado.

La dimensión de la exclusión en la que vivimos quienes nos consideramos migrantes es tan amplia como un abismo; el cual se profundiza si provenimos de países específicos o si pertenecemos a pueblos afrodescendientes o pueblos originarios. Estas dinámicas se reproducen desde lo macro y lo micropolítico. Desde lo macro con las políticas estatales anti-migratorias, la violencia racista y xenófoba que se instala en la institucionalidad y promueve las más diversas formas de violencia y discriminación; y desde lo micro cuando se reproduce el racismo, la xenofobia y también el fascismo en escalas comunitarias, viéndose afectadas nuestras formas de vida en todos los ámbitos tanto productivos como reproductivos.

Los pueblos migrantes somos pueblos transfronterizos. La construcción de nuestros feminismos -que son comunitarios- se entrecruzan con la búsqueda por nuestro derecho a existir y habitar otros territorios. Los Estados han buscado la manera de instalar muros invisibles además de las fronteras que existen entre los países, en cada paso nos encontramos con algunos de ellos; sin embargo, aunque vivamos en el filo de la angustia y nos pretendan someter a través de estigmas y discursos de ilegalidad, ya no tenemos miedo  porque no nos detienen sus barreras.

Existe una necesidad que es fundamental y es la de hacer visible la diversidad que hay en nuestras luchas y las resistencias cotidianas que llevamos a cabo, dando cabida a la garantía de autorepresentación que tenemos, para caminar hacia eso que llamamos tejernos entre pueblos. Nosotres, feministas antirracistas comunitarias, activistxs migrantes y refugiadxs, mujeres y disidencias, caminamos con nuestras hermanas de organizaciones sociales de todo el territorio plurinacional, para exigir una vida con derechos y sin violencias. Es por esto que en septiembre de memorias, comunicamos la creación del Comité Migrante de la Coordinadora Feminista 8M.

Contra todas las fronteras coloniales y patriarcales

Contra el racismo y la xenofobia

Por la descolonización, desmercantilización y despatriarcalización de nuestras relaciones: ¡Arriba los feminismos migrantes que luchan!

2020 - Ningún Ser Humano Es Ilegal
Es un proyecto llevado a cabo por la Secretaría de Mujeres Inmigrantes de Chile y de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes de Chile.